Chespirito, el Shakespeare chiquitito.

Chespirito, el Shakespeare chiquitito.


Crecí con Chespirito. Con chiquitolinas, garroteras, espíritus chocarreros y aguas frescas. Parte de mi humor tiene sus raíces en los personajes que creó y sus chistes “sin tiempo”, ya que todavía me río de lo mismo que me reí décadas atrás. Él era tan y tan bueno que también me hizo llorar en ese cruel episodio en el que botaron al Chavo del 8 de la vecindad porque lo acusaron de ratero. Pero sobre todas las cosas lo más cabrón es que mi vida no sería la misma sin decir cosas como “fue sin querer queriendo”, “pa que te digo que no sí sí”, “síganme los buenos”, “es que no me tienen paciencia”, “chusma, chusma”, “me dió la garrotera”, “no contaban con mi astucia”, “sabías que la gente sigue diciendo que tú y yo estamos locos”… et cétera. ¡Descansa en paz al Shakespeare chiquitito!

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