Crónica de una estudiante de Ciencias Médicas

Crónica de una estudiante de Ciencias Médicas


3 años después de desfilar con toga y birrete, y obtener un diploma honorario en el Coliseo Roberto Clemente, me ha llegado la hora de volver a la vida universitaria.  Luego de trotar un año por Europa, andar de trabajito en trabajito por contrato (y cuando, no desempleada) me toco definir el próximo paso a dar en mi vida y “ajustarme los pantaloncitos”, como diría mi madre. Porque una cosa es andar en el limbo cuando tienes 22 años (eso es socialmente aceptable) y otra es estar picando los 28 años y estar confundida con la vida (ya eso es estar picando pa loser).

“Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi cien”, como cantaría Gardel. Lo que no sabía antes de comenzar era que las nieves producidas en las ráfagas violentas de un trimestre me iban a blanquear par de hebras de mi negra cabellera.

¿Por qué volver a estudiar? Y pa colmo ¿en el Recinto de Ciencias Medicas? “Bienvenida al infierno, jeje, embuste (not really)”, me escribió una amiga recién graduada de odontología al yo publicar la noticia de que había sido aceptada en el programa que quería.  

 “Aveces yo los veo durmiendo por ahí en los pasillos, y yo, pues, lo que hago es que les tiro una frisita por encima.”, nos dijo un profesor el primer día de orientación.

 Anda pa’l carajo, ¿en qué yo me he metido?

Y pasó el primer mes. Se acabó la teoría. Comenzaron los ejercicios y los exámenes. Conocí la distribución de Poisson y las probabilidades de lo más improbable. Aprendí a bregar con cosas bien tediosas, porque sí, porque según el mismísimo profesor la otra opción era darnos con “un martillo en la cabeza” (y no era su recomendación). También aprendí que Puerto Rico tiene una de las tasas de masculinidad más bajas del mundo, lo cual en arroz y habichuelas significa que nos estamos quedando sin hombres. Así que, cuando usted escuche a una mujer quejándose de que no hay hombres, déjala en paz, póngale una mano sobre un hombro y compadézcase, o échese a llorar con ella, porque está en lo correcto. Se lo puedo comprobar con datos y números.

Y en el abrir y cerrar de ojos más largo de mi vida… acabó el trimestre, con noches rotas, ojeras, malos humores, mucho café… sin Aderall y con C’s con sabor a A’s. Con nuevas amistades y muchas risas, porque yo soy de las que, mientras pueda, prefiere reír a llorar.

“Esto no es sobre quién termine primero, esto es una carrera de supervivencia”, me dijo una egresada, porque sí, esto se puede terminar.

Karina- 1
Ciencias Médicas- 0

¿Conocen el dicho de que “hay alguien siempre más jodío que tu? Pues, en mi caso, veo a los fantasmas en scrubs aka. estudiantes de medicina… y pongo todo en perspectiva otra vez.  Pobres.

Yo estoy bien, yo puedo. Esto no es tan difícil na…

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