El escape de Pitipuá

El escape de Pitipuá


Al segundo intento, Pitipuá logró escaparse. Él, por su condición de pájaro, no se enteró de la tristeza que me causó, no solo por haber perdido a mi mascota, sino por saber que no sobreviviría mucho tiempo fuera de la comodidad de su jaula, allí donde la comida y el agua llegaban sin él darse cuenta, donde no era presa de ningún animal. No fue fácil borrarme de la mente la mórbida imagen del pobrecito siendo desplumado por un Guaraguau, de pensar lo tonto que fue por haberse escapado… pero con el tiempo, lo superé.

Ya vencido el trauma, cuando apenas recordaba el color de su pico, escuché unos aruñazos en la ventana; cuando me volteé a ver, no era una paloma, menos un chango: era el bastardo de Pitipuá. Nos miramos fijamente por 3 segundos, me dijo “Chrip”, le contesté “que cabrón eres”, y se fue volando nuevamente. Ocho meses habían pasado desde su escapada y el alimaña seguía vivo, saludable y, peor aun, había aprendido a ser un charlatán.

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