Hecho en China.

Hecho en China.


Se hace todo. Producen todas esas cosas innecesariamente ricas que hacen que nuestras vidas valgan la pena vivirlas. Son una máquina de eso que no sabemos que existe, de eso que alguien creó y ellos decidieron que era necesario copiar.

Por todo esto hay que amarlos. Pero con este amor es necesario esquivarlos para escapar de quedar para siempre plasmados en los vídeos familiares de las vacaciones a Europa que quizás por primera y última vez se van a dar.

Son seres maravillosos, un poco amarrillos achinados en su chinamiento y enanos en su procedencia del oriente. Yo los quiero, por sus nintendos, por sus carteras de embuste y por su capacidad increíble de promulgar la globalización sin respeto a los derechos de autor.

Lo que no entiendo, lo que no me cabe en la cabeza, es la falta de baking soda, la falta de whitening powder, que hace que los dientes que estos seres extraordinarios sonrían de manera opaca -y algunos dirían que feíta- al mundo que los espera, al que escapan y que los solicita.

Será que en china la pasta de dientes es materia prima difícil de conseguir? Será que la higiene oral viene detrás de la producción industrial de carteras  Gucci o Chanel? Todas estas cosas me atribulan.

Mientras mis dientes brillan opacos por el excesivo consumo de alcohol y cafeína pienso en los chinitos y su salud oral. Me preocupo. Nada somos sin estos seres que todo lo multiplican. Poco tendríamos sin estos seres que hacen que el mundo sea un especial en una esquina de cualquier mega-tienda.

Reclamo por sus derechos bucales como ellos han sudado por nuestros derechos  a especiales sabatinos. Reclamo por la caries de aquellos que en su sudor descansa nuestro próximo paquete de calzoncillos de diseñador.

Bailen!

JLV

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