Huevos fritos

Huevos fritos


Este blog no comenzará con el masturbador flacucho; eso no sería un buen principio, pero manténganlo en mente. Empecemos por los huevos fritos. Son ricos pero, ciertamente, a eso no es que me refiero con esta símil (ya que sino, no seria una metáfora muy efectiva).

Fuimos a la playa. Había muchos penes, muchas tetas y muchas lolitas (chochas para aquellos a los que le falta la imaginación), era todo un evento en el que todos demostraban su apatía al cuerpo humano, a la vez que lo mostraban  con gran animosidad.

Era todo un océano de penes rodeado de un océano de penes. Una cornucopia de falos en los cuales predominaban los pequeños miembros sin ser circuncidados. Todo esto era muy interesante. La libertad que mostraban tales personas era admirable y aunque yo no me veía tentado a copiar tal comportamiento, pude entender cómo estar en un lugar donde la desnudez no causa arrebatos de indignación ni risas entre espectadores, es una clara indicación de una sociedad tolerante y felizmente depravada.

Como espectadores no entrenados en la práctica del nudismo mediterráneo, surgieron en nosotros varias preguntas: ¿Y qué pasa si viene una persona enfermita? ¿Cómo se hace para presentar esta “normalidad” a los niños? ¿Cuál es el plan de mitigación ante los visitantes menos cultos y mas bellaquitos?

La normalidad del asunto nos contestó las preguntas: Donde nadie se estremece el estremecido se convierte en el anormal y lo impensable se reconfigura como la norma. En otras palabras, tal y como dirían los gringos: “When in Rome, do as the Romans do.”

Desafortunadamente, esta historia tiene también su lado oscuro. Cerca de nosotros se sitúo un flacucho rubito con mirada dudosa. Luego de un tiempo su mirada se fijo en los melones de una de las actoras de este teatro. Su pene creció, y lentamente empezó a secretar aquello que posiblemente lo llevaría algún día a convertirlo en padre.

A raíz de este evento, nos vimos obligados a partir de este paraíso penal, donde la libertad rima con desnudez y el sol asegura que todos los huevitos terminen perfectamente fritos.

-aunque las olas de vez en cuando traigan a uno o dos enfermitos-

Bailen!

JLV

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