La esencia de Río Piedras

La esencia de Río Piedras


¡Mira nena! ¿Qué dijo la vaca? ¿Mu? ¡Muuuuchas gracias! Con este chiste mongo me recibió al centro de Río Piedras un señor que caminaba en dirección contraria a la mía. Algo bastante normal en el barrio; no por los chistes sin gracia sino por cómo la gente te habla sin vergüenza. Como hace unos días una señora me contó la historia de su vida en 10 minutos mientras caminaba por el Paseo de Diego. También me aconsejó que no comprara camisas baratas, de esas que cuestan $5 porque las lavas y se te dañan, y que no le gustaba la esposa de su hijo porque estaba gorda. Al final del camino se despidió diciendo: mira muchacha que yo cuando empiezo a hablar no me callo… pero aquí tienes una amiga. Gentileza y humildad en su estado más puro entre medio de la muchedumbre riopedrense y el calor insoportable del medio día.

El centro de Río Piedras es, probablemente, el único lugar en Puerto Rico que más se asimila a lo que una ciudad debería ser y tener, con la ventaja de que todo es barato y la gente es amigable (como mi amiga, la que no compra camisas de $5). Es cosmopolita por su diversidad étnica y planificación urbana, pero la sazón de su estética tercermundista -resultado del abandono de algunas de sus áreas debido a la indiferencia del gobierno y demás ciudadanos- engaña la vista ingenua de quien pasa a prisa por las avenidas que lo rodean. Ha quedado en el olvido de muchos, casi como si no existiera, con todo y que tiene mucho que ofrecer a quien quiera visitarlo.

La Plaza del Mercado es la más completa que he visitado… imagínate, te puedes hacer un despojo en una de sus botánicas mientras te tomas una batida de frutas y esperas a que el carnicero te de las chuletitas que pediste. En el Paseo de Diego venden ropa, zapatos, maquillajes, muebles, electrónicos, chucherías, pollitos, cremas milagrosas y vino barato que ayuda a la virilidad masculina. Tiene estaciones de tren, plazas hermosas sorprendentemente bien cuidadas y carros públicos (pisicorres) que te llevan a cualquier otro municipio de la Isla. Hay un montón de cafetines que venden una comida tan rica que te harán sentir como un estúpido por haber pagado $20 en ese restaurant de comida criolla gurmé que tanto te gusta. Río Piedras es hogar de la Universidad de Puerto Rico, escuelas, oficinas de gobierno, doctores y abogados, librerías, tattoo shops, heladerías y un sinnúmero de locales dispuestos a sacarle copia a tus papeles y tomarte la foto para la licencia de conducir. Y si ahora con todo y su abandono tiene de todo, antes ¡era mejor! Todo era más… diverso, concurrido y pintoresco. Incluso a finales de los 80’s había un  mimo que se pasaba en Paseo de Diego “molestando” a la gente. Y poco hay que se compare a Plaza de Diego, el shopping center del pueblo, ahora ultra abandonado y criadero de hongos, asbestos y zombies. El que tuvo la dicha de vivir la (más o menos) época dorada del barrio, sabe lo que digo.

Para devolverle el brillo a Río Piedras se necesita, entre muchas otras cosas, que lo visiten. Que esas personas que no van por miedo, por desconocimiento, por comodidad, porque hace calor, porque está abandonado, o por cualquier otra excusa, salgan a pasear por sus calles, coman en sus restaurantes, beban en sus bares y compren en sus tiendas. Por beneficio de la comunidad y por beneficio de ellos mismos. Este barrio tiene la esencia de lo que una ciudad debería ser, y si se deja perder seguirá deteriorándose… así como desapareció el mimo del Paseo, desaparecerán los chistes mongos, las cremas milagrosas, las doñas parlanchinas, los despojos y las chuletas frescas. Y eso sí que es triste.

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