La importancia de dormir entre almohadas

La importancia de dormir entre almohadas


Voy en automático día tras día. Sustituyendo un pensamiento por otro, dejándome llevar por el calor del día y el más o menos fresquito de la noche. A veces me embobo, a veces no. Por minutos no recuerdo nada, en otros lo recuerdo todo. Y así voy, de meneíto en meneíto dando cantazos por ahí. Como caculo asustao, pero contento. Bien gufiá. Con paveras que anestesian y energía malgastada en boberías. Pero no siempre. La productividad me mantiene pestañeando entre pegaeras y ocio. Por ahí voy creando, inventando y soñando por eso de mantener alguna ilusión viva. Porque creo en amores eternamente verdaderos, incluso aunque un amigo me haga llorar porque su argumento en contra era más válido que el mío.

Y ahí se me detiene el mundo.

Veo algo que no había visto y me sabe a anchoas. Y no me gustan las anchoas. Aunque esté dispuestas a comerlas, pero solo por amor. Y volviendo al fin de las cosas me doy cuenta de que a pesar de no estar sola, estoy sola. Hay un boquete colao por ahí. No tan feo como los que están en la Coll y Toste, pero parecido. Entre meneíto y meneíto y paveras que anestesian siempre me lo llevo enredao. Y me encojono. Porque como caculo recién nacido, no sé qué carajos estoy haciendo. Aunque me crea que sí.

Voy en automático, sutituyendo una cosa por otra dis que para dejarme llevar por el calor del día y ser un ser humano productivo. En loop, hasta que cae la noche y el mareo me ataca. Y me entra una nostalgia tan grande que me deja moretones. Y no me veo sexy con moretones. Así que escondidita entre oscuridades y estrellas agarro cuanta almohada, cojines y Ramones pueda encontrar. Me acurruco hasta engañarme de que eres tú el que está junto a mí. Por eso de mantener alguna ilusión viva. Porque creo en amores eternamente verdaderos y en un Gràcia inmortal.

Y así me duermo: contigo, pero sin ti.

Porque aunque eres suavecito como mi almohada, calientito como mis cojines y peludo como Ramón, cuando despierto en la mañana realmente solo me rodean motitas de algodón. Y ahí lo siento todo, aunque no tenga nada. Ahí te extraño más que nunca. Porque el bacon no sabe tan bueno sin ti… y porque no hay chistes mongos mañaneros que me hagan reír. Otro boquete más. Pero este da más duro, es de los que dañan los aros del carro y tienes que llamar al municipio para que te paguen. ¡Que me devuelvan el dinero! Y la vida, con guille de Salvador Marco, me ignora.

No me devuelve na y aunque me ofrece muchas cosas nítidas, no hay nada que se compare a tus dientes llenos de amor incondicional. Nada que se compare a tus ojitos de ilusión. Nada que se compare a la risa que me causan tus despistes selectivos. Y por ahí voy, de loop en loop. Durmiendo entre almohadas porque yo solo sé que queso y guayaba.

Escrito el 20.8.13

Imagen: Felix Gonzalez-Torres. “Untitled” (Perfect Lovers). 1991

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