La increíble historia del peo épico

La increíble historia del peo épico


Esta es una historia épica, y como el titulo sugiere, es una historia que inicio como consecuencia de un escape de gas natural por el que suscribe.

Estábamos en 7mo grado, cogiendo alguna clase en uno de esos salones que nace de la creatividad humana ante la falta de recursos adecuados. Era en el sótano, la ventilación era poca y olor a hongo era parte de nuestra experiencia educativa. Yo, me sentaba en el centro del salón, y ante una pequeña indiscreción salio el peo que le da sazón a esta narración.

Sazón había en ese peo y no era Goya, fue un peo épico y no lo digo solo para mantener la atención de lector; El peo fue tan épico, que como casi un huracán categoría 5, fue necesario evacuar el salón.

Pero me estoy adelantando, lo interesante fueron los sucesos que ocurrieron inmediatamente luego del peo. Yo, como buen actor fui uno de los primeros en condenar la peste. A este clamor se unieron otros de mis compañeros y fueron tantas nuestras quejas que fue necesaria la previamente mencionada evacuación.

Luego, ya con cierta legitimidad ante mi condenación de los sucesos, decidí que lo propio era echar la peste en otra persona. Mi ingenio no pudo haber sido mayor, escogí, entre las posibles victimas, a una tímida muchacha de mi clase. La jugada no pudo haber salido mejor. La chica del peo ahora era famosa por su cuestionable alimentación y yo era parte de la inquisición de los olores gastrointestinales.

De más esta decir, que a mi victima no le fue bien durante las próximas semanas, y ese mismo año (no sé si por esta misma razón) la chica traslado sus estudios a otra institución educativa.

Pero el cuento no termina. El peo no solo fue épico, el peo se convirtió en una leyenda que cada cierto tiempo resurgía como herramienta de risas entre amigos. El peo era “el cuento” y yo seguía escondiendo mi secreto maquiavélico y riendo de lo lindo ante este espectacular evento

Pero un dia la culpa pudo más que la risa. Más de 10 años después el cuento resurgió en otra conversación y no pude más con la tentación y como Moisés, le revele a mi amigo la historia verdadera.

El, anonadado, encontró en este  nuevo giro de la historia más razones para reír, y yo, ahora acompañado de un nuevo cómplice, seguí bebiendo mi cerveza y gozándome la increíble historia del peo épico.

Bailen!

JLV

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