Las pasas volvieron a ser uvas

Las pasas volvieron a ser uvas


Desde que janguiaba en San Patricio te buscaba. Simplemente no sabía que eras tú. Varios años después una bruja me dijo que te conocería y, aunque no le creí, sus palabras me taladraron la cabeza hasta hoy. Entonces te encontré sin querer; entre alcohol y meneitos empezamos a compartir de manera casual, impersonal y con mucha curiosidad.

Te invité a mi casa. Te presenté a mis amigas. Mis amigas te vendían sin parar. Yo las evadía, les argumentaba y me negaba. Hasta un jueves casual donde el romantiqueo nos endrogó entre miradas tímidas en la esquina de aquel bar. Esa noche te vi con otros ojos. Me gustaste con otro corazón.

Te invité a compartir. Te presenté a mis amigos. Mis amigos te vendían sin parar. Yo les decía que me gustabas, les argumentaba y me afirmaba. Hasta que me fui de cabeza, por la window, en una maroma épica que hasta Karl Wallenda envidiaría. Esa noche te vi con otros ojos. Me gustaste con otro corazón.

Me colonizaste al ritmo de La Fusa hasta robarme las palabras. Esas que escribí en una mini libretita llena de amor inmortal. Ahí te aseguro que me viste desnuda por primera vez. Ahí te aseguro que me entregué.

Empezaron los sobitos a medias, el café mañanero, el Netflix y chili, los mordiscos en la cama, los mensajes de texto, las llamadas. Buenos días, qué haces, cómo te va, sueña lindo. Arrancaron las risas, me acomodé en la zona de confort y música para volar. Como Cerati me quedé estoquiá en una nube y me gustaste hasta el fin de los finales.

Empezaron las miradas a medias, Los Simpsons con nuggets, el jaboneo de castilla, los mensajes de texto, las llamadas. Nunca me sentía sola. Siempre me sentía querida, atendida, respetada y añoñada. Entonces me di cuenta en un momento casi epifánico que las pasas volvieron a ser uvas.

Lo imposible fue posible. A pesar de que meses antes la fe se había convertido en fo.

Para nada.

“Desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.”

Ya no hay mensajes de texto ni llamadas.

¿Lo soñé?

Las pasas no se habían convertido en uva. Al parecer solo se mojaron brevemente en un aguacero de incertidumbre.

Por miedo.

Así como este cuento acaba rápido y de forma abrupta.

SIN SENTIDO.

En un loop infinito de eclipses lunares parciales en el Morro.

Incompleto.

Como el puto libro que llevo 2 años leyendo.

Irreal.

Como el ridículo argumento de que lo imposible podía ser posible.

Las pasas siempre fueron pasas porque alguien las secó. Y ese daño no hay forma de revertirlo. Aunque mis amistades traten de venderme fantasías sin parar. Los evado, les argumento, me lleno de tristeza. Ese día te vi con otros ojos. Ese día me marchitaste el corazón.

Desde que janguiaba en San Patricio te buscaba. Y ahora entiendo porque nunca te encontré.


Escrito hace un tiempo atrás para a un summer love que duró, como canta Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whiskey on the rocks”. Igual mi corazón se marchitó por 2 semanas. No me juzquen por ser una pelotita romántica. Adeu.

La cita “Desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.” es del poema Silencio de Octavio Paz

4 Comments

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  1. Idalí

    Hermoso y triste a la vez. Suena a un corazón con mucho dolor. Recuerda que el tiempo todo lo sana, luego de la lluvia sale el sol con un hermoso arco iris. 😘

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