Menjunje

Menjunje


Formatos, formatos, formatos. Que si el app que te ayuda a hacer un to-do list, el app que te ayuda a correr las 5k que nunca has pensado correr, el app que te ayuda a dormir… Cuando todo lo que necesita mi cabeza es escribir en papel, en una hoja de papel gigante que cubra la pared. Quizás deba escribir en la pared, comprar de esa pintura para escribir con tiza (messy, pero hace el trabajo) o con marcadores (también messy, en especial para las zurdas como yo) y vomitar todo lo que está en mi cerebro. Es que esto de dividir en categorías los deseos, pensamientos, ideas, intereses, el momento histórico, el cómo resolver problemas en contexto está probando que la memoria de mi cerebro está a punto de llenarse. Al mirar ese contexto, debo justificarme con decirme a mí misma que estuve bien enferma por una semana y media, que no hay manera que mi cerebro funcione óptimamente mientras casi no podía respirar, que pronto podré lograr pensar… Es ese pronto el que me asusta, es ese pronto que se sigue exteniendo y al que pienso que si le sigo haciendo caso por un tiempo más, me va a dejar de hablar en tono suave, y va a tornarse de pronto severo, con la lata de “debiste haber hecho esto…” o “si no hubieras perdido el tiempo con esto otro”, etcétera.

Ya tengo papel de traza puesto en la pared, solo me hacen falta los post-it… Me encantan los de la foto (que BTW, es gratis y puedes sacar de aquí, blogger o ser humano que necesita fotos y no tiene dinero para pagarle las regalías a tus amigos que tienen galerías en iStock)

¿Para qué los post-it si ya tengo el papel de traza en la pared? No sé, creo que todavía necesito dividir un poco las cosas, hacer un poco de color coding, filtrar por categorías, ser más crafty, como mi compañera de trabajo, Sally. Yo podré haber estudiado arte, estado doce horas corridas en el taller de serigrafía de la Escuela de Artes Plásticas imprimiendo sobre las cinco placas de colores diferentes una pieza, manteniendo el margen de una pulgada a lo largo y a lo ancho, intacta; más sin embargo, la actividad que más disfruto hacer es pensar. De seguro hubiese sido perfecta filósofa en una túnica, en la Antigua Grecia. Pero cuando regreso al contexto de estar sentada frente a una computadora prestada en Hato Rey, Puerto Rico, me pregunto cuánto me puedo llegar a permitir pensar, con este menjunje de ser, hacer, correr, llegar, salir, estar, comer, dormir… ¿Dónde queda ese espacio?

Quizás el formato, cualquiera que sea, me de un poco de estructura. Por esto, los lindos y coloridos post-it. Si tienes y no los usas, déjame saber.

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