Qué desastre

Qué desastre


Llevábamos 2 semanas planificando el evento. Una noche latina en la que yo fungiría como el Dj. Como parte de las preparaciones se contrabandeo una gran cantidad de música. Grupo Mania, Elvis Crespo, La Makina y hasta compre el Cd de éxitos de la talentosa Olga Tañón (lo que no hacia desde el 2002). Mas aun, encontré y contrabandeé un programa de mezcla de música llamado Djay que me permitía aumentar mis habilidades Djaisticas.

La actividad era parte de los compromisos programáticos de una organización a la que mi compañera sentimental es miembro. Cada año se prepara una fiesta latina en la que se recaudan fondos para la organización. Estos fondos a su vez se utilizan para llevar a los miembros de la organización a distintas actividades alrededor de los Estados que están unidos.

Mi compañera sabia que yo en mi juventud muchas veces trabajé como Dj para distintas actividades por lo cual me ofreció ante la organización para proveer mis servicios. Yo, mas que honrado no podía estar por tan emocionante encomienda.

Como consecuencia acepte y, como mencione al principio, prepare mi playlist latinístico.

La noche empezó bien. El “maniyer” me indicó que a mi lado estaba la máquina de margaritas y que me sintiera en confianza de alcoholizarme a mi gusto. Esto era una buena indicación de cómo se desenvolvería la noche (para bien y para mal).

Empecé con unos merenguitos de lo mas buenos, después un poco del “Papa gringo” y algo de muchachito que rima con lomo. Eran las 9:30 y la música sonaba bien, tenia una margarita a mi lado y el sitio se empezaba a llenar. Además, mi compañera se beneficiaba de mi buenaventura y consumía mi margarita mientras platicaba con sus compañeros de clase.

De momento, como a eso de las 10:30 la música murió.

Si.

Murió.

Dead.

This was not good. La fiesta estaba llenísima y nada, NADA se podía hacer para revivir a Jowell y Randy y al caballero de la salsa. Yo, un poco alcoholizado hice lo que pude y ante mi impotencia decidí desconectar mi manzana y buscar a mi compañera.

Ella no estaba en ningún lado, busque y busque y después de un rato la encontré con un cargador en la mano. No tenia idea de porque sostenía este artefacto de energía y ella me explico que alguien le había dicho que no tenia cargador y que fue a la casa de un compañero a conseguirme uno. Mas aun, ya ambos estábamos un poco tocados por la flores que nos tomamos y como consecuencia, empezó el armaggedon.

Tratamos de reconectar. Nada. No se podía, no encontrábamos los cables. Yo estaba RARR y ella estaba RRARR. Los empleados estaban RRARRR y el “Maniyer” ya no quería regalarme margaritas. Mi compañera, ante tremenda desilusión/desesperación/molestia/alcohol, decidió que era hora de irnos.

Y así lo hicimos…

Pero habíamos dejado la cuenta abierta y teníamos que volver.

De mas esta decir, que el camino fue uno lleno de emocionantes y disparatadas discusiones. Mas aun, la policía de nueva orleans decidió que nos estacionamos en un lugar incorrecto y nos plasmo en el cristal del vehiculo una multa de 40 billetazos.

A esto hay que añadir que mi pierna decidió que debía haber dolor en ella. Por lo cual al acender por las escaleras del establecimiento lo hice cojeando/tocado/molesto/cansado.

Al final, mi compañera pensaba que yo era peor que Hitler con los Judíos, peor que el Sida, peor que Bush, y peor que la bomba que hace muchos años azotó a un pueblito llamado Hiroshima.

Qué desastre…

Bailen!

JLV

Ps. Ninguna relación amorística fue disuelta como consecuencia de los eventos relatados.

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