Relato de amargura

Relato de amargura


Luego de pasar por kilómetros y kilómetros de arbolitos bebé, me dije, Ojalá sean de aguacates, realidad probable ya que, en las pocas casas que pasamos, abundaban estas divinas gotas verdes en cajas sobre las barandas de los balcones, y en las manos de algunos caminantes.

Imagínate qué paraíso. Millones de aguacates en un terreno mil veces más grande que Arecibo.

Demasiao bueno pa sel veldá.

Varios kilómetros después confirmé mi triste sospecha: eran árboles de limón.

FIN

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