Walmart y el país de las maravillas.

Walmart y el país de las maravillas.


El país de las maravillas empieza en Walmart. Un estado que se arrodilla ante el gigante azul con los precios bajos. Un estado que decide que en la reventa y el servicio encuentra la solución para todos sus problemas.

El estado no se vende, pero digamos que se pone un “lease” de esos que duran más de 100 años y cuestan poco menos de un dólar. Se erradica la inflación y la depreciación de los papeles verdes automáticamente. Se crea un mundo de trabajo por comida, de trabajo por ropa nueva y de trabajo por videojuegos, todos a la venta y todos al mejor precio. Nada de dinero, no señor, regresamos a las libretas, al feudalismo perfecto.

¿La tierra? Ya no se habla de la tierra, ya no se habla de crear ni de ver crecer, se habla de revender, de empacar, de carritos azules que no se pueden llevar mas allá de las líneas limítrofes de la tienda. No se extraña lo que nunca se tuvo, no existe algo más, aunque se sabe que existe, pero lo imposible se hace miopía para las masas.

¿Materia prima? Pues pa’ eso están los estados latinoamericanos esos, de gente fea y bajita que le gusta trabajar por esas pesetas de gentes que “en Dios ellos confían”. Así mismo, tenemos a los chinitos, esos muchachos sí que trabajan y son bastante conformistas, una casa pa’ treinta y un pedazo de pan pa’ toda la semana.

En el país de las maravillas el proletario trabaja todo en compás para una misma misión, para una máquina lejana que provee lo que arrebata. Todo esto sin plan médico, sin Bono, sin tiempo completo, pero a tiempo completo. En el país de las maravillas, el estado subsidia este nuevo plan, lo promueve y lo perpetúa con la opción de 100 años más.

Bailen!

JLV

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